LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 49
- No te disculpes conmigo, hazlo con Patmo- le ordené a mi mamá al poner
a Patmo enfrente de ella. Lo sujeté fuertemente del lomo, mientras tenía las
manos extendidas.
-Perdóname Patmo… ahora, ya ponte a jugar Martín… pero no hagas
mucho ruido ¿está bien? No quiero que digan cosas de ti.
-¿Qué cosas?- pregunté mientras abrazaba a Patmon, hundiendo mi cabeza
en el pico de él.
-Nada hijo, ya ponte a jugar- Mi mamá dio media vuelta y empezó a
caminar directo al padre.
Cuando mi mama se fue, yo observé a Patmon. Me encantaba verle los
ojitos negros tejidos, y su hermoso cuerpo morado acompañado de sus
cuatro patas. Muchos decían que Patmo, era un Ornito… no sé qué, pero
yo siempre les gritaba que era un pato, por su pico plano y amarillo. Patmo
era un poco más pequeño que yo, y aunque era difícil moverlo siempre
que salía, eso no impedía que lo sujetara por su esponjoso cuerpo para
abrazarlo cuando me ponía a llorar.
Todos los adultos parecían preocupados, en especial mi mamá Celsa, que
traía un bonito vestido blanco de manta, con un tejido de rosas en el cuello,
y su larga trenza que acomodaba al lado de su hombro. Se veía muy bonita.
-Se ve bonita para estar arrugadita ¿verdad Patmo?- después volteaba a
ver a mi papá Esteban, el traía un traje negro, y se peinaba el bigote que
tenía cortado al nivel del labio, el poco pelo que le quedaba era negro,
muy negro, y la piel morena, muy morena- -¿Verdad Patmo, que mi papi
Esteban también está guapo para estar viejito?
- Ji, Ji, Ji- rió la muchacha que se sentó a mi lado, derrumbando todo el
cuerpo en la silla como si fuera una cama. Su cuerpo era largo y delgado,
con la cara redonda y la nariz abultada, su pelo era castaño, pero de un
castaño teñido, casi rojizo.
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