LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 48

Cásate conmigo Martín García López Cuando un zapato de cuero chocaba contra el mosaico hacía un ruido similar al de un charco que es pisado con fuerza. Podía relajarme en ese momento, escuchando los zapatos de cuero. Coleccionaba los pares de zapatos que aparecían, chocando y haciendo música en mi pequeña cabeza. Yo me preguntaba en qué momento mis pies alcanzarían el piso. Mientras, estos se tambaleaban en la silla. El salón de fiestas “Amatista” estaba adornado con rosas de muchos colores, amarillas, rosas, blancas, todas colocadas en números pares en cada esquina del salón. Era pequeño, pero cómodo, tenía en conclusión 50 sillas de plástico, colocadas en líneas de 10 cada una, haciendo en total 5 filas. Detrás de las filas había una pista de baile, bastante grande. Yo estaba en la primera fila, en el primer asiento, viendo cómo el padre se acomodaba un peluquín sobre su cabeza y cómo veía en el espejo que no se arrugara la sotana. Yo al igual que el padre tenía que cuidar que mi traje no se arrugara. Era un bonito traje negro para un niño de cuatro años, aunque fue el mismo que usé para mi confirmación a los tres. Era mi traje favorito, aunque en realidad había sido el único que había usado. -Tiririn, estáte quieto- me ordenó mi mamá que llegó parándose enfrente de mí, mientras sus manos intentaban ponerse unos aretes- hoy es un día importante, y necesito que te quedes quieto, no seas grosero con tus tíos, y que ¡por favor!, no hagas un berrinche o llores como siempre. - ¡Mamá! ¡Estoy aburrido! ¡Ya vámonos!- empecé a gritar sujetando a Patmo de su garra amarilla. - Mira, si quieres ponte a jugar con Patono. - Se llama Patmo, a él no le gusta que no sepas su nombre, mamá. 48 -¡Ay, perdón!