LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 47
adiós. Ha apagado las luces de la casa para no mirar el cadáver de la
tristeza que se derrama por la escalera. La puerta pronto dejará caer
los cerrojos que anunciarán su llegada. Su partida.
Quita el oxígeno a la pecera y derrama en el agua dos puñados
de sal. Espera mientras recorre cada espacio de lo que pudo ser su
hogar, pasa los dedos por las paredes, sale al patio, mira las cerradas
ventanas de su dormitorio, va hacia la cocina, abre los cajones, la
alacena, se detiene frente al refrigerador y lo desconecta. El tiempo
camina lentísimo y Sofía busca evitar los espejos de la sala.
Regresa junto a la pecera. Mira como la respiración de los peces
empieza a atragantarse. Engulle la pulpa de la fruta. Se queda fija en
la mirada de los peces y ve extinguirse la luz de esos discos jugosos
donde se petrifican los colores y se abandonan los brillos. Para Sofía
el pasado ha muerto con los peces. Pronto la puerta se abrirá.
Allá va. Es él, ha llegado. Gira el picaporte.
Sofía se levanta con decisión. El maletín de cuero en la mano.
Su futuro relumbra en el cuchillo que ha quedado entre las cáscaras
y el bagazo de la fruta, ahí, sobre la mesa.
Adán Echeverría
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