LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 46
intención de rescatar su vida. Y después del No te vayas, recuerda la
respuesta: Ya vendrá alguien más.
Tenía razón. Las imágenes se precipitan entre las burbujas:
diversos rostros la hacen gritar en el espejo, pintarlo con labial,
romperse las uñas para abrir las puertas del hartazgo. Las
persecuciones con que sueña, amenazada: te encontraré donde
vayas. Su corazón late apresurado. Le duelen las muñecas, moradas
por los apretones, el maquillaje cubre los malos tratos, el labio roto,
los lentes oscuros, el disfraz de femme fatal que oculta la violencia
doméstica en que sobrevive.
Sofía junto a la pecera todo el día, absorta, comiendo yogurt con
miel y bebiendo pequeños sorbos de té de jazmín. No piensa más que
en la voluntad de sentirse viva, y el sexo no ha sido esa posibilidad.
Ha paseado la casa reconstruyendo cada adorno y el momento
de adquirirlo, cada historia con esos hombres que horadaron su
cuerpo para rescatarla y que sólo consiguieron enterrarla mas en su
mutismo, en su miseria.
Empaca sus cosas en un maletín de cuero y regresa junto a la
pecera. Mira los peces ir y venir en el encierro del cristal. Su esposo
llegará en cualquier momento, con su cara de felicidad por verla
sobre la cama, doblegada. Durmiendo o llorosa con el insomnio de
siempre. Ya no será así.
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Baja de nuevo, corta una fruta y se queda mirando los peces
dorados. No quiere huir a escondidas, quiere verlo de frente y decirle