LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 37

lo posible que no pude no negar, que en ciertas tardes se desplaza entre requiebros y aquí termina, sin otra forma probable que no sea la de algunos trazos. Qué hacer con esto. De todas formas te veo el domingo. Ahí te cuento cómo estuvo lo de Rodrigo. Va a andar con yeso una temporada, pero se dice satisfecho por lograr partir la tabla. Gema trató de persuadirlo pero ya ves cómo es de necio ese cabrón. Parece que esta vez será sólo atún en ensalada y tostadas, pero mejor no lleves nada, más bien dinero, por si algo falta, (nunca se sabe en qué momento se van a declarar imprescindibles un par de botellas de vino tinto). Mi auto está en el taller así que paso por ti más temprano, el autobús viaja con mucha parsimonia, que no es que sea mala pero hay que contemplarla si queremos llegar a tiempo a los encarnizados (o más bien metalúrgicos) juegos de baraja. Hasta el domingo. P.D. Ojalá puedas llevar uno de tus famosos pasteles con nuez. POR fin que sí. Que el rostro. Que frotarse la cara. Que reconocerse. Justamente un poco tarde, ya metido en las horas. En el tedio de dejar el libro, de acabar el cuento, de apagar la radio. De regresar al cuerpo, a las cobijas, a los anteojos. Nada más para darse cuenta. Como que algo anda terriblemente mal, terriblemente muerto. Qué va, más bien, terriblemente vivo. Deshacerse de la luz de la lámpara. Girarse sobre la cama. Estirar las piernas. Aflojar la idea de que mañana, de que algún puto día, de que ya hubo varios de esos, de que va a haber más. Retirársela del rostro 37