LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 36
RESULTA pues, que no puede salvarnos, que el combate no era tal,
que nuestra danza tenía cuerpo de derrota. Para el día en que yo
descubro, tú te doblas; se nos parten las rodillas sobre el musgo
y ahora la imagen de andar por la vida recargados el uno contra
el otro, con el cuello tenso para no perder el equilibrio y al rato
las preguntas, porque yo quizás sí lo merezco, pero tú, mujer de
hojaldre, qué pueden cobrarte. Allá tendrás también tus grietas, tus
enmendaduras. Pero al final de cuentas todo apunta a que la idea
común del karma es una mierda. Como que uno es prisionero de
su voluntad. Como que no se puede no hacer todo lo que se puede.
Como que era natural que de tanto andar buscando en el desierto
algún almendro, terminaras por buscarle otro calor a los nogales
que me andabas ofreciendo. Como que en realidad no me pesa todo
el tiempo. Como que eso es lo que más lamento. Quizás porque
de aquí se ve más clara la dimensión total de lo que me negué a
explorar por conocer nogal, por conocer de tiempo. Si bien es cierto
que almendros hay, que me besaron, que me abrazaron. Se fueron
riéndose (y no de mí, que al caso es peor), o se quedaron, pa’ ser
más claros, aquí el asunto es que no conmigo. Luego aparecen como
espejismos que hasta saludan, que hasta les hablas, que hasta les
cuentas que aún escribes, que andas queriendo ganar concursos,
como burlándote de afuera-adentro, porque ahí la tienes, causante
aquella de tantos textos (los mismos textos que esperas ganen). Pero
hay que comportarse, porque hoy que se encontraron entre tanta y
tanta mierda y decidiste sí toparte, eres consciente de lo absurdo
que sería desnudarte, armar todo un desplante y pregonar fuerte que
sí, que las pinches almendras. Aunque al rato ya no es absurdo, ya
sólo ves que no traes cojones, que sólo crees tocarla más desde este
ángulo sin concreciones. Cómo te irá mientras lees esto. Cómo me
atrevo teniendo claro que aún te duelo. Te lo debo. Se lo debo a
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