LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | страница 38

amarrada al armazón de los lentes. Tomar la batuta y hacerse dueño de la propia destrucción, de la propia mierda, de las propias mieles. Asistir cordiales a la degeneración y regalarse una sonrisa por saber hoy que no, que ningún puto día. Y lo que dure el sueño, si no es malo, si no se meten las perras a deformarlo. Porque si sí. Mejor no invoco. Ya de por sí se le olvida a uno y deja caer la línea. Luego a los pies de quién sabe quién diablos y lo terminan haciendo mierda. Qué necesidad. Esa, la puerca, la de necesitar. La de arrojarse. Para engrosar la carne o la idea. Una cosa de esas. O de las otras. Y de las otras. De las que nos mantienen enredados con unos y con otros soltando palabrillas muy de sangre alborotada. De rato las voces se enfrían y se quedan nada más haciendo eco y cada quien cobija las que se le antoja, para en las tardes que siguen revivirlas y decirse que claro, que por supuesto que se ha enriquecido la vida. Y yo aquí como estúpido aflojando mis ideas de que mañana, de que algún puto día. Porque nomás no. Y por qué no. Yo no sé. Yo lo lamento ampliamente. Siempre justo en medio del aflojamiento y de la derrota ante el sueño. Caigo en la cuenta, después de un par de meses de tranquilidad ambigua y uno y medio de honesta y hermosa podredumbre, de que nada puedo hacer para que esto se ponga definitivo, conclusivo. Siempre queda la opción de remembrar las frías voces que se han guardado y perderse un poco entre tripas, hasta que se comienza a extrañar de veras y todo aquello se torna más incómodo aún que el silencio de la calle vacía, de no tener de qué dolerse. Los días se van a suceder de todas formas, hasta la siguiente vez que se reviente un hilo y de repente tenga armas para habitar con gracia el tumulto, las facciones, las entrañas. Total que hoy me concedí 38