Leemos el camino segundo A Los chicos leemos El camino versión 2 B con introd | Page 88
apoyadas en el suelo fue levantando el cuerpo una y otra vez. Al llegar a la flexión
sesenta lo dejó y les dijo:
—No he tenido nunca la paciencia de ver las que aguanto. Anteanoche hice
trescientas veintiocho y no quise hacer más porque me entró el sueño.
El Mochuelo y el Tiñoso le miraron abrumados. Aquel alarde superaba cuanto
ellos hubieran podido imaginar respecto a las facultades físicas de su amigo.
—A ver tú las que aguantas, Mochuelo
—le dijo de repente a Daniel.
—Si no sé... No he probado nunca.
—Prueba ahora.
—El caso es...
El Mochuelo acabó tumbándose e intentando la primera flexión. Empero sus
bracitos no estaban habituados al ejercicio y todo su cuerpo temblaba
estremecido por el insólito esfuerzo muscular. Levantó primero el trasero y
luego la espalda.
—Una —cantó, con entusiasmo, y de nuevo se desplomó, pesadamente, sobre el
pavimento.
El Moñigo dijo:
—No; no es eso. Levantando el culo primero no tiene mérito; así me hago yo un
millón.
Daniel, el Mochuelo, desistió de la prueba. El hecho de haber defraudado a su
amigo después de aquel inmoderado esfuerzo le dejó muy abatido.
Tras el frustrado intento de flexión del Mochuelo se hizo un silencio en el pajar.
El Moñigo tornaba a retorcer el brazo y los músculos bailaban en él, flexibles y
relevantes. Mirando su brazo, se le ocurrió al Mochuelo decir:
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