Leemos el camino segundo A Los chicos leemos El camino versión 2 B con introd | Page 87
—Ya lo creo.
—Pues mira aquí.
Se alzó el pantaloncillo de pana hasta el muslo y tensó la pierna, que adquirió la
rigidez de un garrote:
—Mira; toca, toca.
Y de nuevo el dedo del Mochuelo, seguido a corta distancia de el del Tiñoso, tentó
aquel portentoso juego de músculos.
—Más duro que el brazo, ¿no?
—Más duro.
Luego se descubrió el tórax y les hizo tocar también y contaban hasta doscientos
sin que el Moñigo deshinchase el pecho y tuviera que hacer una nueva inspiración.
Después, el Moñigo les exigió que probasen ellos. El Tiñoso no resistió más que
hasta cuarenta sin tomar aire, y el Mochuelo, después de un extremoso esfuerzo
que le dejó amoratado, alcanzó la cuenta de setenta.
A continuación, el Moñigo se tumbó boca abajo y con las palmas de las manos
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