Leemos el camino segundo A leemos el camino A con introducción | Page 185

y las pollas de agua 590 . Había de avenirse 591 a no volver a oír jamás la voz de Germán, el Tiñoso; a admitir como un suceso vulgar y cotidiano que los huesos del Tiñoso se transformasen en cenizas junto a los huesos de un tordo; que los gusanos agujereasen ambos cuerpos simultáneamente, sin predilecciones ni postergaciones. 592 Se confortó un poco tanteando en su bolsillo un cuproníquel 593 con el agujerito en medio. Cuando concluyese el entierro iría a la tienda de Antonio, el Buche, a comprarse un adoquín. Claro que a lo mejor no estaba bien visto que se endulzase así después de enterrar a un buen amigo. Habría de esperar al día siguiente. Descendían ya la varga 594 por su lado norte, hacia el pequeño camposanto del lugar. Bajo la iglesia, los tañidos de las campanas adquirían una penetración muy viva y dolorosa. Doblaron el recodo de la parroquia y entraron en el minúsculo cementerio. La puerta de hierro chirrió soñolienta y enojada. Apenas cabían todos en el pequeño recinto. A Daniel, el Mochuelo, se le aceleró el corazón al ver la pequeña fosa, abierta 590 Ave gruiforme de plumaje negruzco en la parte superior , patas largas y verdes , y pico rojo y amarillo . 591 Conformarse 592 593 594 Tener en menos o apreciar a alguien o algo menos que a otra persona o cosa Moneda española acuñada con cuproníquel , que valía 25 céntimos de peseta Parta más empinada de la cuesta