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Capítulo XX
Es expresivo y cambiante el lenguaje de las campanas; su vibración es capaz de acentos
hondos y graves y livianos 581 y agudos y sombríos. Nunca las campanas dicen lo
mismo. Y nunca lo que dicen lo dicen de la misma manera.
Daniel, el Mochuelo, acostumbraba a dar forma a su corazón por el tañido de las
campanas. Sabía que el repique 582 del día de la Patrona sonaba a cohetes y a júbilo y
a estupor desproporcionado e irreflexivo. El corazón se le redondeaba, entonces, a
impulsos de un sentimiento de alegría completo y armónico. Al concluir los
bombardeos, durante la guerra, las campanas también repicaban alegres, mas con un
deje 583 de reserva, precavido y reticente 584 . Había que tener cuidado. Otras veces, los
tañidos eran sordos, opacos, oscuros y huecos como el día que enterraron a Germán,
el Tiñoso, por ejemplo. Todo el valle, entonces, se llenaba hasta impregnarse de los
581 De poco peso
582 Tañer o sonar repetidamente y con cierto compás enseñal de fiesta o regocijo
583
584
gusto o sabor .
Desconfiado