Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 255
—Bueno, esto es lo que quería enseñarte. Creo que ha llegado el mo-
mento de ir a casa, ¿no crees?
Roca, sin esperar respuesta, irrumpió en la clase vociferando:
—Bueno, chicos, es todo por hoy, hora de recogerse.
Marina y Julio casi se mueren del susto. El profesor agarró por el brazo
a la alumna y se lo entregó a su hermano diciéndole:
—Cuida de ella, ¿vale?
Después, cerró de nuevo la puerta, y se quedó charlando con el frus-
trado chico, muy serio. Diego colocó uno de los brazos de la hermana
alrededor de su cuello y le rodeó la cintura con el brazo para ayudarla a
andar. La borrachera era escandalosa.
—¿Qué pasa? —preguntó con voz narcotizada.
—Nada Marinita, que has bebido demasiado.
—¿Dónde está Julio? —balbuceó.
—Se ha ido ya a casa —mintió él.
Salieron del recinto y comenzaron a caminar el escaso trayecto hacia
casa con bastante dificultad, perdiendo incluso la hermana un zapato de
tacón que el mellizo no se dignó a rescatar. Coja, borracha y socorrida,
consiguió llegar hasta el portal de casa. Diego la apoyó en el muro como
si fuera un objeto, dejó la puerta abierta y nuevamente le ayudó a entrar
en el portal, respaldándola ahora contra la puerta del ascensor. Llamó
al ascensor y la vieja reliquia, como de costumbre, tardó en reaccionar.
Ambos hermanos se miraron, riéndose sin poder evitarlo.
—¿Qué te pasa a ti? ¡Mendrugo! —dijo Marina divertida.
—Nada mujer, nada, que estás como una cuba.