Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Seite 254

En el instituto la fiesta seguía con total normalidad. Bailes, alcohol a escondidas, profesores haciendo la vista gorda. Algunas parejitas que empezaban a buscar los rincones más íntimos para enrollarse. Diego no bebía. Ni bebía ni tenía demasiados amigos. La gente fue cordial con él al tratarse de su cumpleaños, pero lo cierto es que no se sentía cómo- do en ninguno de los grupitos que se formaban. Tan sólo conservaba un amigo desde la infancia, con el que se dedicó a hablar toda la noche. Observaba a las chicas vestidas para la ocasión, pero no conseguía sen- tir el más mínimo interés por ninguna. Sus hormonas revolucionadas tenían dueño desde hacía muchos años, y este no era más que su her- mana y su madre. Corrida en la cara de su madre. Madre abusada en la cocina. Hermana sexy. Hermana y madre en el yacuzzi. Hermana abusada en el baño. Lola siguió leyendo las búsquedas tan angustiada que estuvo a punto de presentarse en el instituto, pero logró contenerse. Se maldijo por no haberle llevado a un psicólogo, pero hay temas que son tan tabús que duelen sólo con pensarlos. Diego seguía hablando con su inseparable compañero cuando se le acercó el profesor de matemáticas, eran casi las tres de la madrugada. —Diego, acompáñame, por favor. Al muchacho le sorprendió. Probablemente era de los pocos que no estaba haciendo nada malo y, además, con el profesor Roca tenía una relación bastante buena. No entendía a qué venía su rostro de preocu- pación. Le hizo avanzar por los interminables pasillos del recinto has- ta llegar, sigilosamente, hasta una de las aulas. Desde el cristal podían ver desde fuera a Marina, visiblemente borracha y morreándose con su novio Julio. Iba vestida con un traje negro largo, pero con una marcada apertura donde se escapaba su estilizada y juvenil pierna. Apertura que aprovechaba el novio para acariciarle la pierna desinhibido.