Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 251
—Es normal, siempre me la has puesto dura, Marinita. ¿De verdad nun-
ca te has dado cuenta que por las noches me pajeo mirándote? Vamos,
pero si te he llegado a llenar de lefa, seguro que eso te encanta.
—D..Di…Diego. ¡¿Qué dices?! ¡¿Qué coño haces?!
—Shh, nada, tranquila —dijo él mientras aprovechaba para sobarle el
culo e intentaba besarle los labios.
—¡¡Para!! —gritó sacudiéndoselo de encima de un fuerte empujón, ga-
nando el suficiente espacio como para salir de la trampa mortal que for-
maba la esquina de la piscina y el cuerpo del hermano—. ¡¿Tú estás loco
o qué coño te pasa?!
Marina avanzó como pudo, patosamente por el agua entre la gente,
sintiéndose perseguida por su mellizo.
—¡Marina, espera! —insistió él.
Pero no hizo caso, no fue hasta que llegó al lado de la madre que no se
sintió razonablemente segura. Lola, al ver como llegaban sus hijos esca-
lonados y con la cara desencajada, supo enseguida que algo había pasa-
do, pero nuevamente prefirió no conocer los detalles. El resto del día de
piscina fue silencioso, incómodo y tenso.
Puesta de largo
Después de lo sucedido se tomaron medidas. Madre e hija no necesi-
taron hablarlo, pero Marina se trasladó a la habitación de la madre. Los
mellizos eran demasiado mayores para compartir habitación, pero Lola
era demasiado pobre para mudarse a una casa con tres habitaciones. A
esto le siguieron los pestillos en las puertas y todo tipo de precauciones
para mantener al “depredador” a raya. Consiguieron, gracias a estos es-
fuerzos, vivir en relativa paz hasta la mayoría de edad de los mellizos.
Aquella noche era sin duda especial. En el instituto habían decido ce-
der sus instalaciones para los alumnos que desearan celebrar allí su