Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 247

En ese momento el adolescente ya tenía una notable erección, difícil incluso de disimular con el bañador. —Solo falta esto, Marina —advirtió él desabrochándole la parte de arri- ba del bikini—. Que luego te queda la marca esa tan fea. Marina se dejó hacer, incómoda. Reparó entonces en que las manos de su hermano, además de repasarle la franja de la espalda, se adentraban una por cada lado por el lateral de su cuerpo, embadurnándole la axila y parte de los pechos. —Eso es, ya casi está —informó mientras seguía manoseando esa parte del cuerpo al límite entre lo permitido y lo prohibido. La hermana pudo notar como se le aceleraba el corazón, y la madre intentaba controlar la escena mirando de reojo, forzándose tanto que por un momento pensó que se quedaría bizca. Diego siguió con los to- camientos, cada vez más descarados, hasta el punto de colar las manos entre su anatomía y la toalla y magrearle durante un par de segundos los pechos, sintiendo el pezón de la hermana recorrer sus dedos como lo haría una púa con las cuerdas de la guitarra. La melliza se levantó rá- pidamente, colocándose como podía el sujetador desabrochado y rega- lando, a la vista de los curiosos, un improvisado y fugaz topless. —¡Vale! Vale. Ya estoy protegida joder, me voy a bañar —dijo ella aban- donando la escena lo más rápido que pudo. La frustración volvió a apoderarse de Diego, que de rodillas en la toa- lla aún tenía las manos pringosas de crema y un descomunal bulto en su entrepierna. Se vio incapaz de volver a su toalla y fue directo a la madre, que disimulaba sentada en la silla, simulando seguir leyendo el libro. —Mamá, tú también te vas a quemar. La afirmación no tenía ningún sentido, ya que estaba resguardada com- pletamente por la sombrilla, pero el hijo había retirado su pelo a un lado y ya esparcía la crema por su cuello. Ella se quedó inmóvil, mirando