Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 243

—¿Y bien? —preguntó el agente—. ¿Han podido hablar? Lola, con la falda mal puesta y el top arrugado, miraba fijamente el te- cho completamente abochornada mientras que el hijo respondía: —Está todo solucionado, ha sido un malentendido. El policía los miró inquisitivamente, pero lo que menos le apetecía era una noche de papeleo, así que dio por buena la afirmación: —Así me gusta. Tú tendrás que ir en la ambulancia para que te mi- ren ese brazo. Usted, señora, queda libre. ¡Santi, quítale las esposas a la señora! Acosos La fatídica noche dejó varios tipos de cicatrices, las visibles, como la del antebrazo de Diego, y las invisibles, como las de la madre. Los si- guientes meses fueron más tranquilos, pero no cesaron ni los pequeños roces ni las miradas lascivas. Los mellizos habían cumplido ya los die- ciséis años, y la distancia entre ellos era cada vez mayor. Si Marina era una chica responsable, integrada y brillante en los estudios, el herma- no se había convertido en un chico retraído, asocial y bastante pasota, pasando de curso en curso por los pelos. Las clases habían terminado y era un sábado especial, el de la apertura de la piscina municipal. —¡Chicos! ¡Nos vamos en cinco minutos! —avisó Lola a gritos desde el salón. Diego hacía rato que estaba en perfecto estado de revista sentado en su cama, uniformado con el bañador, la camiseta y las chanclas, pero la hermana seguía rebuscando entre sus sandalias las que mejor conjunta- ran con su bikini de color naranja. Mientras escudriñaba en el baúl, el hermano la observaba sin perder detalle, aprovechándose se las apete- cibles vistas que mostraba su cuerpo en pompa. —Tienes mejor culo Marina, ya no eres una tabla de planchar —le dijo.