Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | 页面 239

—¡¡Cállate, joder!! ¡Mira lo que me has hecho! ¡¡Eres una guarra!! Siguió con el corte hasta que el cuchillo cayó al suelo, momento que aprovechó la madre para tirarse a por él y arrebatárselo. El hijo agarró una servilleta y presionó la herida intentando controlar la hemorragia. La madre seguía en el suelo, desconcertada y con el corazón desbocado. Él, sin previo aviso, descolgó el antiguo teléfono de pared de la cocina y marcó: —Sí, por favor, vengan a casa, mi madre me ha atacado con un cuchillo. Quince minutos después la calle no era más que sirenas y vecinos co- tillas asomados a los balcones. Dos agentes y un paramédico interro- gaban a madre e hijo en estancias separadas, a ella en la cocina y al jo- ven en el salón. Por protocolo, después de que el muchacho confirmara su historia, tuvieron que esposar a Lola que, desesperada, contaba a los agentes lo que había pasado de verdad. Estuvieron más de cuarenta mi- nutos entre preguntas e improvisadas evaluaciones psicológicas. Uno de los agentes, algo incrédulo, habló por última vez con Diego: —Muy bien, lo tenemos todo. ¿Seguro que no quiere cambiar su versión? —Seguro. —De acuerdo, de acuerdo —dijo el agente sentándose a su lado en el sofá y poniendo un tono confidente—. Mire, ¿es consciente de que nos tendremos que llevar a su madre detenida y que luego todo quedará en manos de un juez y de servicios sociales? —Lo soy —contestó él consciente, por primera vez, de que la cosa ha- bía llegado demasiado lejos. —Está bien, está bien. Oiga, ¿quiere hablar a solas con ella antes de que nos vayamos? Le daremos total intimidad. Está esposada y con un aviso entraremos rápidamente en el salón. Diego tenía la mirada perdida en el suelo, pero fue capaz de acceder