Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 240
con un movimiento de cabeza.
—¡Muy bien! —exclamó el agente—. ¡Santi, tráela aquí un momento!
Sentaron a la madre al lado del hijo, con las manos esposadas en la es-
palda y la cara desencajada. Cumpliendo con lo dicho se encerraron en
la cocina, dándoles total intimidad. Ambos se miraron preocupados,
una con los grilletes y el otro con un apósito en el brazo, cortesía del
paramédico.
—Hijo… —comenzó ella al fin—. ¿Por qué me haces esto? Sabes que
puedes contarme cualquier problema que tengas…
Diego no contestó, pero parecía más receptivo que un rato antes.
—Yo te quiero, mi amor —continuó ella—. Sea lo que sea, lo podremos
solucionar.
El chico volvió a mirarla de arriba abajo. Allí, sentada a su lado en el
sofá, su falda aún parecía más corta. Ansiedad, enfado, dolor, tristeza.
Era un buen resumen de su estado anímico aquella noche. Siguió estu-
diando a la madre que se disculpaba sin saber muy bien por qué. Diego
se preguntó si los agentes habrían fantaseado con meterle mano a la su-
puesta agresora. Ansiedad, enfado, dolor, tristeza…¿lascivia?
—Diego, yo te quiero más que a nada en el mundo —insistió ella.
El hijo depositó la mano sobre su muslo desnudo, en un gesto que la
madre interpretó como cariñoso.
—Buscaremos ayuda si hace falta, hijo.
Con la mano en la cara interna del muslo, acomodó también la cabeza
sobre sus generosos pechos, de manera casi infantil.
—Oh mamá…¿te acuerdas cuando era niño y veíamos la tele juntos? Me
acurrucaba sobre ti, así, y me sentía el niño más protegido del mundo.