Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Seite 227

pasar por su cabeza, miró al hermano y le dijo: —¿A qué esperas? —Sí, sí, ya voy —contestó él empezando por desabrocharse las deportivas. En el siguiente paso fue ella quien se quitó las bailarinas para después desprenderse de la falda, quedándose ya en ropa interior. Le siguió el hermano, primero con la camiseta y después por los vaqueros. Ambos se miraron. —¿Ya está? —preguntó ella haciéndose la inocente. —¡Jolín! ¡Marina! No empieces. La hermana puso de nuevo los ojos en blanco, era posiblemente su ges- to favorito. Llevó las manos a la espalda y desabrochó sin dificultad el sujetador, dejándolo caer al suelo y tapándose los senos, que empeza- ban a desarrollarse, con los brazos. El mellizo no perdía detalle. Marina lo miró fijamente y luego bajó la vista hasta el calzoncillo, exigiéndole igualdad. Él obedeció, deshaciéndose de la ropa interior y tapándose en- seguida los genitales con ambas manos. La preadolescente demoró un minuto el último paso, pero finalmente, con sumo cuidado para mos- trar la menor parte de su anatomía posible, se quitó también las bragui- tas, haciendo equilibrios para taparse. —¿Ya? —No, ya no. Eso no es lo que habíamos dicho. —¿Y tú, qué? —se quejó ella. Diego accedió, retirando las manos y mostrando su entrepierna con bastante vergüenza. —¿Tan pequeñita? —dijo ella al verle, con ánimos de molestar.