Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 226
—Es que no lo entiendo —replicó ella, firme pero serena.
Ambos estaban solos en casa, de pie uno frente al otro en la habitación
de los dos. Por esos tiempos Marina le sacaba casi media cabeza a Diego,
siendo alta para su edad. Tenía la piel bronceada y el pelo largo y ondu-
lado, castaño claro, en contraste con el cabello moreno y liso que tenían
el hermano y la madre.
—Pero si es solo curiosidad, jolín —suplicó él.
—Pues métete en internet —respondió ella sin cambiar el gesto.
—No es lo mismo…
—¡Pues te jodes!
El muchacho frunció el ceño en señal de enfado e incluso puso cara de
paciencia antes de contraatacar:
—Eres una cagada. Una cagada y una mentirosa.
—¡Y tú un guarro y un rarito! —replicó.
—Sí, vale, pero lo que digo lo cumplo. ¡Mentirosa! No te creeré nunca
más.
Diego miraba hacia al suelo, decepcionado y enfadado a partes iguales.
La hermana no sabía la razón por la que había accedido a semejante cosa
días antes ni como se había dejado convencer, pero sí era cierto que se
había comprometido. Dejó los ojos en blanco en señal de derrota y dijo:
—Bueno, valeee, pero será sólo un momento, te aviso.
—Sólo un momento —afirmó él realmente emocionado.
Marina se quitó la camiseta lentamente, por pudor, no por darle emo-
ción a la situación. Cuando la ropa volvió a permitirle ver después de