Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 223

—Sí, lo sé cariño, menudo morro, ¿verdad? Pero es que han venido a buscarla a primera hora y no hemos sido capaces de levantarte de la cama, ¿te acuerdas? —¡Haberme despertado! —se lamentó de nuevo. —Pero si es que no ha habido forma, mi amor, menudo berrinche te has pillado. —¡Me muero de calor! —insistió estirándose el bañador como querien- do desprenderse de él. La madre veía venir la rabieta y siguió con su tono conciliador: —Mi vida, te prometo que mañana por la mañana os llevo a los tres, ¿vale? No contestó. Se limitó a cruzar los brazos y apretar los labios. Pasó el rato y el calor era cada vez más bochornoso. La madre se quitó el top y lo lanzó a un sillón cercano, quedándose sólo con el sujetador y unos di- minutos vaqueros shorts. —Sí que hace calor, sí. Un par de minutos después Diego ya no miraba el televisor, sus ojos enfocaban irremediablemente al cuerpo semidesnudo y sudoroso de su progenitora. —¿Qué estás viendo? ¿Naruto? ¿Los dibujos esos de los ninjas? —pre- guntó ella completamente ajena a aquellos jóvenes y tempranamente lascivos ojos. El niño no contestó. Sentía el calor aún más sofocante e incluso una extraña congoja en el bajo vientre. Contemplaba a la madre como si fue- ra la primera vez que la veía, sintiéndose especialmente atraído por sus piernas y su generoso busto.