Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 222

Ojos Cerrados estaban solos en casa, de pie uno frente al otro en la habitación de los dos Lola dio a luz a los mellizos en su último año de instituto. Marina y Diego nacieron perfectamente sanos, una tormentosa noche de septiem- bre. El padre, un melenudo irresponsable, tuvo claro desde el principio que aquello no iba con él y jamás los reconoció. Los padres de Lola tu- vieron que convertirse rápidamente en abuelos coraje y ayudaron a su hija en todo lo que pudieron, sin reproches ni sermones. Despertares Tenía ocho años cuando Diego descubrió a las mujeres. No como per- sonas adultas del otro sexo, o como las esposas casadas con un hom- bre. Diego se sintió atraído por primera vez observando a una mujer. Y como no podía ser de otra manera, encontró esa atracción en su entor- no más cercano. Era uno de los veranos más calurosos que se recordaban, Lola llegó a casa después de hacer un par de recados y encontró a su hijo en el sofá viendo dibujos animados, vestido sólo con un bañador. —Ay hijo, hace un calor insoportable —le dijo al ver que el chiquillo vestía únicamente con un pantaloncito corto. —¿Y Marina? —pregunto él, acostumbrado a quedarse solo en casa en espacios cortos de tiempo. —Está con los abuelos en la piscina. —¡Jolín! —se quejó. La madre dejó las bolsas en la encimera de la cocina americana y se sentó a su lado con cara comprensiva.