Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 224
—¿Son episodios repetidos o nuevos? —hablaba la madre intentando
distraerle del calor y la frustración.
Pero a Diego hacía rato que no le interesaba la televisión, estaba com-
pletamente centrado en aquellas nuevas sensaciones. Experimentó, casi
súbitamente, como su entrepierna se endurecía debajo del bañador y,
por instinto, depositó una de sus manos sobre el bulto. Su corazón se
aceleró y casi respiraba jadeando.
—¿Sigues enfadado, mi amor? —preguntó la madre girando la cabeza.
Se encontró entonces con su hijo, observándola fijamente y frotándo-
se por encima de la ropa, con los ojos más abiertos que había visto nun-
ca. Al principio no entendió nada, se sorprendió, pero enseguida fue in-
vadida por una extraña sensación de pudor. Levantándose, alcanzó de
nuevo el top y cubriéndose un poco en un impulso le preguntó:
—Hijo, ¿estás bien?
No respondió. Sin apartar la mirada adentró la mano por dentro de la
prenda y siguió con aquellos nuevos y placenteros tocamientos. La ma-
dre, completamente desconcertada, se vistió con la camiseta y se retiró
sin mediar palabra.
Curiosidades
—No quiero —afirmó Marina en el último momento.
—Vamos, me lo habías prometido —insistió Diego.
—Pues he cambiado de opinión.
A sus once años la melliza estaba ya bastante desarrollada, habiendo
comenzado la pubertad mucho antes que su hermano.
—¡Me lo prometiste! —se quejó él.