LaCharca Revista Cultural PRIMAVERA 2016. Número 10. | Page 26

Epitafio sepulcral de Fausta de Mérida. Siglo VII. Museo de Badajoz el siglo IV, de La Pasión que responden a su carácter salvífico. El retrato del difunto puede también formar parte del programa figurativo, siendo lo más habitual que se enmarque en una concha o láurea, la imago clipeata. A veces incluso el finado aparece representado en las escenas narrativas de los sarcófagos como un orante, como es el caso de la mujer titular del sarcófago de Berja (Almería) del siglo IV, excelente pieza conservada en el MAN (Museo Arqueológico Nacional). 26 Los mosaicos siguen las mismas directrices que los sarcófagos. Los ejem- plos más expresivos de la simbología paleocristiana son aquellos donde se conjugan a la vez varios de los sistemas de comunicación con la doble finalidad de fe/memoria del difunto. Es el caso de la lauda de Ursicinus, un mosaico funerario hallado en Alfaro (La Rioja), y hoy expuesto en el MAN, que cubriría la tumba del titular. En él se representan símbolos cristianos como la venera o el crismón, junto con un retrato del difunto y una inscripción que informa sobre la vida del personaje y quién dispuso el mosaico en su honor. En el mundo hispano-visigodo la tum-