LA MARIOLOGÍA DE LA MADRE ÁGREDA ANTONIO MARIA ARTOLA, CP | Page 152

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La Mariología de la Madre Ágreda
[ 150r ] Lo 3 º que no parece corriente [ es ] la admisión de la prudencia que hace en el l. 2 c. 9, 161. de los tres géneros de prudencia que el uno llaman prudencia política, al otro prudencia purgatoria, y al tercero prudencia del ánimo purgado, o purificado.
Más de notar son las palabras que en el l. 2. c. 2 dice ponderando las ventajas con que la Vírgen se excede en la humildad a todos los ángeles, Ibíd. que las columnas del cielo se encojan y estremezcan en presencia de la inaccesible luz de la Majestad infinita. No es maravilla pues, a vista tuvieron la ruina de sus semejantes, y ellos fueron preservados con beneficios y razones comunes a todos. Esto no se puede decir; porque siendo como fueron eficaces los auxilios que los ángeles buenos tuvieron para ser preservados de la culpa y perseverar en la gracia. De necesidad se ha de que fueron beneficios muy especiales, y no comunes a todos; ni tiene lugar aquí lo que se puede decir de la igualdad de los auxilios en cuanto a la intención de glorificar por qué con esto se compadece y se ha de confesar siempre que el auxilio eficaz es don y beneficio especialísimo especial y señaladamente en orden a la final perseverancia.
[ 150v ] Lo cuarto tiene mucho que examinar todo el cap. 14 donde muy de propósito trata de las disposiciones previas que son necesarias para ver intuitiva y quiditativamente a Dios en esta vida donde se hallan algunas proposiciones improbables y sin fundamento.
Lo quinto reparo y es digno de gran censura por lo menos de temeridad y malsonante y ofensivo de las piadosas orejas lo que afirma que la purísima Virgen padeció gravísimas sugestiones del demonio contra su inefable pureza. Las palabras se hallan en el l. 2, c. 15, n. 693 y son las siguientes:“ En este nuevo conflicto no se puede fácilmente concebir cuánto padeció el purísimo y candidísimo corazón de María viéndose rodeada de sugestiones tan extrañas y distantes de su inefable pureza, y de la alteza de sus divinos pensamientos.