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La Mariología de la Madre Ágreda
como autor de la Escritura es el mismo que asiste a la Iglesia con un carisma de infalibilidad, semejante al que comunicó a los autores sagrados cuando consignaran por escrito y sin error la revelación.
No es ésta precisamente la interpretación en el Espíritu de la que habla la DV, pero contribuye a señalar el ámbito de continuidad y de totalidad que une el período constitutivo de la escritura y el de su interpretación en la Iglesia. Esta es la razón por la cual pone dicha interpretación en relación directa con la
136 actuación del Espíritu Santo. Sin embargo, en el n. 12 enfoca el tema de la Interpretación " in Spiritu " de una manera distinta. Su enseñanza es rápida y casi alusiva. Se limita a establecer claramente la analogía entre dos intervenciones del Espíritu en relación con la Escritura: en su formación, y en su comprensión, una vez formada. " La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita ". Esta analogía es de la más grande utilidad para determinar la naturaleza de la Interpretación en el Espíritu en una metodología clara y estricta. Para hacerse cargo de la peculiaridad de esta interpretación hay que recordar la neta diferencia vigente entre los dos tiempos en que se divide la historia de la revelación por la Palabra Escrita: el de la constitución de la Escritura, y el de su interpretación-en el tiempo de la Iglesia- cerrada ya la revelación. El primero de ellos es la época de la revelación " in fieri "; el segundo, el de la comprensión de la misma por los fieles, clausurada ya la revelación. La Interpretación en Espíritu es privativa de este tiempo de la Iglesia. Ahora bien ¿ de qué modo actuó el Espíritu en la constitución de la Escritura, cuyo inspirador es? En el tiempo de la revelación constitutiva o de la Escritura " in fieri " se dieron
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De ella habla en el n. 10 afirmando explícitamente que ene lugar por asistencia del Espíritu Santo: " El oficio de interpretar autén camente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado solo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual ejercita en nombre de Jesucristo [...] para enseñar puramente lo transmi do, pues por mandato divino, y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído ".