LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 81

¿Por qué gritas?, Beli quería saber, molesta. La Inca, mientras la arrastraba a la casa: ¡Mira a esta mu- chacha! ¡Se cree gente cuando no lo es! Beli, por supuesto: una de esas hijas de Oyá, siempre dando vueltas, alérgica a la tranquilidad. Casi cualquier otra mu- chacha del Tercer Mundo le hubiera dado gracias a Dios San- tísimo por la vida bendita que llevaba: después de todo, tenía una madre que no le pegaba, que (por culpa o inclinación) la malcriaba más de la cuenta, le compraba ropa de moda y le pagaba un salario en la panadería —una miseria, no hay duda, pero más que lo que ganaban el noventa y nueve por ciento de los otros los chamacos en situaciones similares, que era generalmente nada. Nuestra muchacha no tenía de qué quejarse pero, para sus adentros, no sentía que fuera así. Por razones que ella misma no entendía muy bien, ya en la época de nuestra narración Beli no podía soportar el trabajo en la panadería o ser la «hija» de una de «las mujeres más respetadas de Baní». No lo podía soportar, punto. Todo lo que tenía que ver con su vida actual le molestaba; quería, de todo corazón, algo más. No te- nía idea de cuándo había anidado en ella por primera vez ese descontento, pero más adelante le diría a su hija que había es- tado allí toda la vida, ¿y quién sabe si sería verdad? Tampoco tenía muy claro qué quería exactamente: una vida propia e increíble, sí; un marido guapo y rico, sí; hijos hermosos, sí; un cuerpo de mujer, sin duda. Aunque si me hubieran preguntado, hubiera dicho que lo que quería, más que cualquier otra cosa, era lo que había querido durante toda su Niñez Perdida: escapar. De qué era fácil de enumerar: de la panadería, de la escuela, del aburrimiento de Baní, de compartir la cama con su madre, de no poder comprar los vestidos que quería, de tener que esperar hasta cumplir quince años para alisarse el pelo, de las expectativas imposibles de La Inca, del hecho que sus padres hubieran muerto cuando ella tenía solo un año de vida, de las murmuraciones de que había sido obra de Trujillo, del