LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Página 80
personaje más prieto de nuestra historia. Y en una de las calles
principales cerca del Parque Central. En una casa que ya no
está en pie. Fue aquí que Beli vivió con su madre-tía, si no
exactamente contenta, sí en un estado de relativa tranquilidad.
A partir de 1951, «hija» y «madre» eran dueñas de la famosa
panadería situada cerca del Parque Central y mantenían su casa,
algo descolorida y mal ventilada, en excelentes condiciones.
(Antes de 1951, nuestra huérfana había vivido con otra familia
adoptiva, gente monstruosa si se van a creer los cuentos, un
período oscuro de su vida al cual ni ella ni su madre hacían
referencia jamás; era su propia página en blanco.)
Aquellos fueron Días Hermosos. Cuando La Inca le
contaba a Beli la ilustre historia de su familia mientras
golpeaban y trabajaban la masa con las manos (¡Tu padre! ¡Tu
madre! ¡Tus hermanas! ¡Tu casa!); cuando lo único entre ellas
eran las voces de la radio de Carlos Moya y el sonido de la
mantequilla al ser untada en la espalda destruida de Beli. Días
de mangos, días de pan. No han sobrevivido muchas fotos de
ese período, pero no es difícil imaginarlas: paraditas las dos
frente a su casa inmaculada en Los Pescadores. Sin tocarse,
porque no era su estilo. La respetabilidad tan densa en la
grande que habría hecho falta un soplete para cortarla, y en la
pequeña una reserva a lo Minas Tirith, tan fuerte que se hubiera
requerido todo el poder de Mordor para superarla. Sus vidas
eran las de la Buena Gente del Sur. Iban a la iglesia dos veces
por semana y el viernes paseaban por el Parque Central de
Baní, donde en aquellos nostálgicos días d e Trujillo no había
niños asaltantes por ninguna parte y tocaban orquestas
maravillosas. Compartían una cama que se hundía en el medio
y por la mañana, mientras La Inca buscaba a ciegas las
chanclas, Beli salía temblando para pararse frente a la casa. La
Inca hacía el cafe y ella se apoyaba en la cerca y miraba
fijamente. ¿A qué? ¿A los vecinos? ¿Al polvo que se elevaba
en las mañanas? ¿Al mundo?
Hija, llamaba La Inca. ¡Hija, ven acá!
Cuatro, cinco veces, hasta que al fin la iba a buscar, y era
solo entonces que Beli venía.