LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 57

2 WILDWOOD (1982-1985) Nunca son los cambios que queremos los que cambian todo. Así es como empieza: con tu madre llamándote al cuarto de baño. Recordarás el resto de tu vida lo que hacías en ese preciso momento: estabas leyendo La colina de Watership y los conejos y sus conejitos corrían hacia el barco y tú no querías dejar de leer, tenías que devol- verle el libro a tu hermano al día siguiente, pero entonces ella te llamó otra vez, alzando más la voz, su voz de no estoy relajando, coño, y tú, irritable, mascullaste: Sí, señora. Ella estaba parada frente al espejo del botiquín, desnuda de cintu- ra para arriba, su brasier colgando como una vela rasgada y la cicatriz en su espalda tan extensa e inconsolable como el mar. Quieres volver a tu libro, hacer como que no la has oído, pero es demasiado tarde. Sus ojos hacen contacto directo con los tuyos, los mismos ojos ahumados grandes que tendrás tú misma en el futuro. Ven acá, te ordenó. Frunce el ceño por culpa de algo en uno de sus pechos. Eos senos de tu mamá son inmensidades. Una de las maravillas del mundo. Eos únicos que has visto más grandes se ven en las revistas pornográficas, o colgando de señoras requetegordotas. Son 35 triple- D con aureolas tan grandes como platillos, y negras, y en los bordes hay unos vellos feroces que ella se depila de vez en cuando, y de vez en cuando no. Estos pechos siempre te han desconcertado y cuando caminas en público con ella siempre eres consciente de ellos. Sin embargo, después de su cara y su pelo, sus senos son lo que más la enorgullecen. Tu