LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 54
Dos días después, se rajó y le contó a su hermana lo de la
pistola, y a ella, que había regresado a casa unos días para lavar
la ropa, casi le da un infarto. Hizo que se arrodillara con ella
ante el altar que había construido en honor al abuelo difunto y
lo obligó a jurar por el alma de su madre que nunca haría algo
así en todo lo que le quedaba de vida mortal. Hasta lloró, de
preocupada que estaba por él.
Necesitas parar esto, Míster.
Lo sé, dijo. Pero estoy perdido, ¿no ves?
Esa noche los dos se quedaron dormidos en el sofá, ella pri-
mero. Lola acababa de romper con su novio, como por décima
vez, pero hasta Óscar, en la condición que se encontraba, sabía
que volverían en cuestión de horas. En algún momento antes
del amanecer, soñó con todas las novias que nunca tuvo, fila
tras fila tras fila tras fila, como los cuerpos adicionales que
tenían los Miraclepeople en el comic Miracleman de Alan
Moore. Tú puedes, le decían.
Se despertó, frío, con la garganta seca.
Se vieron en el centro comercial japonés, Yaohan, en Edge-
water Road; lo había descubierto un día en uno de sus largos
paseos en carro cuando estaba aburrido. Consideraba el centro
parte del paisaje de su historia con Ana, algo que les contarían
a sus hijos. De hecho, era donde compraba los vídeos de anime
y modelos de meca. Ordenó katsu de pollo al curry para los dos
y después se sentaron en la cafetería grande con la vista de
Manhattan, los únicos gaijin en todo el lugar.
Tienes pechos hermosos, empezó.
Confusión, alarma. ¿Óscar, qué te pasa?
Él miró hacia fuera a través del cristal, hacia la costa occi-
dental de Manhattan, su vista fija como si fuera un tipo verda-
deramente profundo. Entonces se lo contó todo.