LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 53
que le había hecho Manny, le dijo: Tengo que ir a la iglesia, y
entonces colgó, fue al cuarto de su tío (Rudolfo andaba en un
bar de mujeres desnudas) y le robó su antigua Virginia
Dragoon, la oh tan famosa pistola de primera, la exter-
minadora Colt .44, más pesada que la mala suerte y dos veces
más fea. Se metió el impresionante cañón en los pantalones y
se plantó casi la noche entera frente al edificio de Manny.
Trabó gran amistad con el revestimiento de aluminio. Vamos,
hijoeputa, decía tranquilamente. Te he conseguido cita con una
de once años nama. Le importaba bien poco la probabilidad de
ir a la cárcel de por vida, o que a los negros como él los
violaran por el culo y la boca en el presidio, o que si la policía
lo detenía y le encontraba la pistola, zumbarían al tío directo
para la prisión de nuevo por infringir los requisitos de su
libertad condicional. Esa noche nada le importaba. Su cabeza
era un cero, un perfecto vacío. Vio todo su futuro de escritor
desaparecer ante sus ojos; de todos modos, solo había escrito
una novela que valía la pena, sobre un hunger spirit australiano
que se alimenta de un grupo de amigos pueblerinos; no tendría
la oportunidad de escribir nada mejor; su carrera terminaría
antes de empezar. Afortunadamente para el futuro de las letras
americanas, Manny no regresó a casa esa noche.
Era difícil de explicar. No era solo que creyera que Ana era
su último fokin chance de ser feliz -eso lo tenía claro-, era tam-
bién que jamás en todos sus desgraciados dieciocho años de
vida había experimentado algo como lo que sentía cuando
estaba cerca de esa muchacha. He esperado una infinidad para
enamorarme, le escribió a su hermana. No sabes cuántas veces
pensé que esto nunca me iba a suceder. (Cuando en Robotech
Macross, el anime que había ocupado el segundo lugar en su
preferencia toda la vida, Rich Hunter al fin se enganchó con
Lisa, se desmoronó delante de la TV y lloró. No me digas que
mataron al presidente, dijo su tío desde la habitación de atrás,
donde inhalaba lo-que-tú-ya-sabes). En lo que a Ana respecta
es como si me hubiera tragado un pedazo de cielo, le escribió a
su hermana en una carta. No puedes imaginarte cómo me
siento.