LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 44

ya sabía que ella no lo iba a rechazar. Era la única muchacha, aparte de las de su familia, que le hablaba de su período, que le decía en confianza, Estoy sangrando como un cerdo en el matadero, una confesión sorprendente en la que pensó y repensó mil veces, convencido de que debía tener algún sig- nificado. Cuando recordaba la manera en que ella se reía, como si el aire que la rodeaba le perteneciera, su corazón le latía con fuerza dentro del pecho, un rada solitario. A diferencia de lo que había sucedido con las otras muchachas de su cosmología secreta, se enamoró de Ana Obregón según iban conociéndose. Como ella había aparecido en su vida de repente, como había pasado inadvertida bajo el radar, Óscar no había tenido tiempo de levantar su acostumbrado muro de boberías, o de nutrir una pila de expectativas descabelladas sobre ella. Quizá solo fuera que, después de cuatro años de no conseguir absolutamente nada, estaba cansado, o que en definitiva había encontrado su swing. Para su sorpresa, en vez de portarse como un idiota — como cabría esperar ante el hecho cierto de que esta era la primera muchacha con quien había sostenido una conversación— no se preocupó mucho por el futuro y dejó que pasara un día tras otro. Le hablaba con sencillez y sin esfuerzo y descubrió que su manera de ser y su baja autoestima le caía de lo más bien a ella. Era asombrosa la comunicación que tenían; él decía algo evidente y anodino, y ella le contestaba: Óscar, eres fokin brilliant. Cuando ella dijo que le encantaban las manos de los hombres, él alzó las suyas a la cara y separó los dedos como un abanico. Oh, ¿sí? y ella por poco se muere de la risa. Ella nunca hablaba de lo que eran; solo decía: ¡Man, me alegro tanto de haberte conocido! Y él contestaba: Y yo de ser quien soy conociéndote. Una noche mientras escuchaba New Order e intentaba leer Clay's Ark, su hermana tocó a la puerta de su cuarto. Tienes visita. ¿Sí?