LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Página 43

receso de invierno en la universidad, Teóricamente, ¿permiti- rías que tu hija pubescente tuviera relaciones con un varón de veinticuatro años? Primero lo mato. Le sorprendió cuánto alivio sintió al oírla. Déjame adivinar: ¿conoces a alguien que esté haciendo eso? Asintió. Se sienta al lado mío en la clase. Pienso que es or- quidácea. Lola lo miró con sus ojos color tigre. Hacía una semana que estaba en casa y era evidente que la universidad estaba aca- bando con ella; el blanco de sus ojos estaba dibujado con rayos sanguíneos. Tú sabes, dijo por fin, nosotros, la gente de color, hablamos cantidad de mierda de lo mucho que queremos a nuestros hijos, pero no es así. Exhaló. No es así. Para nada. Óscar trató de ponerle la mano en el hombro a su hermana, pero ella no lo dejó. Mejor empieza a hacer abdominales, Míster. Así lo llamaba cuando se sentía tierna o herida. Míster. Años después, querría ponerle eso en la lápida, pero nadie la iba a dejar, ni siquiera yo. Qué vaina. AMOR DE PENDEJO Él y Ana en la clase, luego él y Ana en el parqueo, él y Ana en McDonald's, él y Ana se hicieron amigos. Cada día Oscar es- peraba su adiós, pero los días pasaban y ella todavía estaba allí. Desarrollaron el hábito de hablar por teléfono un par de veces a la semana, en realidad acerca de nada, pero dándole nombre a las cosas cotidianas; la primera vez, fue ella quien lo llamó a él y se ofreció para llevarlo a la clase; la semana siguiente, él la llamó a ver en qué estaba. El corazón le latía de tal manera que pensó que se iba a morir, pero ella contestó como si nada. Oye Óscar, escucha esta mierda que me hizo mi hermana, y así siguieron, cotorreando como siempre. La quinta vez que llamó,