LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | 页面 42
linda, algo chusmita, que leía a Henry Miller en vez de con-
centrarse en cómo resolver problemas de lógica. En la quinta
sesión de clases notó que ella estaba leyendo Sexus y ella notó
que él lo notó, e inclinándose hacía él le mostró un pasaje y a él
le provocó tremenda fokin erección.
Debes de pensar que soy extraña, ¿no?, ella le preguntó
durante un receso de clase.
No eres extraña, dijo. Créeme, yo soy el experto máximo en
el tema.
Ana hablaba mucho, tenía ojos caribeños hermosísimos de
antracita pura, y era el tipo de gordita que les encantaba a casi
todos los tipejos de la isla, con un cuerpo que se sabía que es-
taba igual de bueno con o sin ropa. Tampoco le daba pena
enseñar sus libras: llevaba pantalones negros apretados con es-
tribos como cualquier otra muchacha del barrio, la ropa interior
más sexy que podía comprar, y era supermeticulosa cuando se
maquillaba, una maniobra de una delicadeza que siempre
fascinó a Óscar. Era una combinación peculiar de putica y
niñita —incluso antes de que visitara su casa, él ya sabía que
ella tendría toda una colección de animalitos de pelu-che sobre
la cama— y había algo en la forma que cambiaba de un aspecto
al otro que lo había convencido de que esas dos apariencias no
eran más que máscaras, y que existía una tercera Ana, una Ana
oculta que determinaba qué máscara usar en cada ocasión, una
Ana oscura e imposible de conocer. Empezó a leer a Miller
porque su ex novio, Manny, le había dado los libros antes de
alistarse en el ejército. Se pasaba la vida leyéndole pasajes. No
sabes cómo me excitaba. Ella tenía trece años cuando
comenzaron, y él veinticuatro, un adicto a la cocaína
reformado. Ana hablaba de estas cosas como si nada.
¿Tenías trece años y tu mamá te permitió salir con un sep-
tuagenario?
Mis padres adoraban a Manny, dijo. Mi mamá le cocinaba
y todo.
Él di jo: Eso me parece poco ortodoxo, y después, en la
casa, le preguntó a su hermana, que estaba de visita durante el