LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 41

ver Virus sin llorar al final, cuando el héroe japonés llega a la base del Polo Sur, caminando desde Washington, D. C. por toda la cordillera de los Andes para estar con la mujer de sus sueños. He estado trabajando en mi quinta novela, le decía a los panas cuando preguntaban por la causa de su ausencia. Es increíble. ¿Ves?, ¿qué te dije? Míster Bachiller. En los viejos tiempos, cuando sus supuestos amigos lo he- rían o arrastraban su confianza por el fango, él permitía que lo siguieran maltratando, impulsado por el miedo y la soledad, algo por lo que siempre se había odiado a sí mismo, pero ahora no. Si hubo algún momento en esos años de la secundaria que lo enorgulleciera, fue ese. Incluso se lo dijo a su hermana durante la siguiente visita de esta. Ella contestó: ¡Por fin, Ó.! Finalmente daba muestras de firmeza y, por ende, de algo de orgullo, y aunque todavía le dolía, de todos modos se sentía requetefokin bien. ÓSCAR CASI LO LOGRA En octubre, luego de entregar todas sus solicitudes universita- rias (Fairleigh Dickinson, Montclair, Rutgers, Drew, Glass- boro State, William Paterson; también solicitó en la NYU, donde tenía solo un chance en un millón, y el rechazo fue tan rápido que le asombró que no hubiera llegado por Pony Express), cuando el invierno asentaba su jodido culo pálido por todo el norte de Nueva Jersey, Óscar se enamoró de una muchacha que asistía a su misma clase preparatoria para los exámenes de entrada a la universidad. La clase se daba en uno de esos «centros de aprendizaje» no lejos de su casa, a menos de una milla, así que había estado caminando como manera sana de bajar de peso. No tenía expectativas de conocer a nadie, pero entonces vio a la belleza en la última fila y sus sentidos por poco explotan. Su nombre era Ana Obregón, una gordita