LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 37
vas al fin. Al había resuelto su problema en Menlo Park. Ella
vino a mí, alardeaba, y cuando ella le informó, por supuesto
después de tremenda mamada, que tenía una amiga que estaba
desesperada por encontrar a alguien, Al se llevó arrastrado a
Miggs de su Atari para que viera una película con ellos y el
resto, como dicen, es historia. Antes del fin de semana ya
Miggs estaba metiéndole mano a la masa también, y solo fue
entonces que Oscar se enteró de lo que había pasado, mientras
se preparaban para otra aventura «escalofriante» entre los
Campeones y los Death-Dealing Destroyers (Óscar tuvo que
guardar su famosa campaña de ¡Aftermath! porque nadie, salvo
él, tenía ganas de jugar en las ruinas postapocalípticas de una
América infectada con un virus). Al principio, después de oír
hablar del doble golpe con las jevas, Óscar no dijo nada. Solo
le daba una y otra vuelta a sus DIO. Decía, Qué suerte la de
ustedes. Se moría cada vez que recordaba que no habían
pensado en incluirlo en sus aventuras con las muchachas;
odiaba a Al por invitar a Miggs y no a él y odiaba a Miggs por
haber logrado levantar a una jeva, punto. A Óscar le cabía en la
cabeza que Al pudiera conseguirse una muchacha; en fin, Al
(verdadero nombre: Alok) era uno de esos indios lindos y altos
que nadie jamás hubiera confundido con un nerdoso enviciado
con los juegos de rol. Lo que le parecía inconcebible era que
Miggs hubiera dado un palo con una mujer; lo asombraba y lo
tenía enfermo de celos. Óscar siempre había considerado a
Miggs más monstruoso aún que él. Estaba cubierto de acné, se
reía como un retardado, tenía los dientes medio grises por
culpa de una medicina que le habían dado de niño. Dime, ¿tu
novia es linda?, le preguntó a Miggs. Este contestó: Bróder,
tienes que verla, es bella. Tremendas fokin tetas gigantescas,
Al agregó. Ese día la poca fe que Óscar tenía en el mundo se
desmoronó como atacada por un SS-N-17. Cuando por fin no
pudo aguantar más, les preguntó, con cierto patetismo: Cono,
¿y estas muchachas no tienen amigas?
Al y Miggs se miraron uno al otro por encima de las páginas
que describían sus roles. Na, no lo creo, bróder ...