LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 36
Déjalo tranquilo, le contestaba Leticia. Yo creo que eres
muy simpático, Óscar.
Ay sí, por supuesto, decía Marisol, riéndose y volteando los
ojos. Tú verás que ahora escribe un libro sobre ti.
Estas eran las Furias de Óscar, su panteón personal, las mu-
chachas con quienes más soñaba, las que se imaginaba cuando
se hacía la paja y a las que, con el tiempo, empezó a incluir en
sus historias. En sus sueños siempre las estaba salvando de ex-
traterrestres o había vuelto al barrio, rico y famoso —¡Es él! ¡El
Stephen King dominicano!—, y entonces Marisol aparecería,
llevando cada uno de sus libros para que él los firmara. Por
favor, Óscar, cásate conmigo. Óscar, haciéndose el papichulo:
Lo siento, Marisol, yo no me caso con putas ignorantes (pero,
bueno, por supuesto que lo haría). Todavía miraba a Maritza de
lejos, convencido de que algún día, cuando cayeran las bombas
nucleares (o estallara la peste o invadieran los trípodes) y la
civilización desapareciera, la rescataría de una ganga de
espíritus necrófagos que irradiaban luz y juntos atravesarían
una América devastada en busca de un mañana mejor. En estos
ensueños apocalípticos (que había comenzado a anotar) él
siempre era una especie de Doc Savage aplatanado, un su-
pergenio que combinaba una maestría de talla mundial en las
artes marciales con un dominio letal de las armas de fuego. No
era poco para un muchacho que jamás en su vida había
disparado con un rifle de aire, lanzado un piñazo o alcanzado
más de la mitad de los puntos necesarios en las pruebas para
entrar a la universidad.
ÓSCAR TIENE CORAJE
El último año de la secundaria, Óscar se encontraba abotarga-
do, dispéptico y, lo más cruel de todo, absolutamente solo y sin
novia. Sus dos panas nerds, Al y Miggs, por el giro más en-
loquecido del destino, habían logrado levantar un par de mu-
chachas ese año. Nada especial, feísimas en realidad, pero je-