LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 34

hombre mayor al que conocía del barrio; esto fue vox po-puli en toda la familia (y por extensión en una buena parte de Paterson, Union City y Teaneck) y el hecho de que pudiera sobrevivir ese urikán de dolor, enjuiciamiento y bochinche la había hecho más resistente que la adamantina. Hacía poco se había cortado el pelo —lo cual volvió loca a su mamá una vez más— en parte, pienso yo, porque cuando era niña su familia se lo había dejado crecer, con m ucho orgullo, más abajo del culo, algo que el tipo que la atacó seguramente apreció y admiró. Óscar, Lola le advirtió en varias ocasiones, te vas a morir virgen a menos que comiences a cambiar. ¿No crees que lo sé? Otros cinco años así y te apuesto que alguien trata de ponerle mi nombre a una iglesia. Córtate el pelo, deshazte de esos espejuelos, haz ejercicio. Y bota esas revistas pornográficas. Son repugnantes, incomo- dan a Mami, y nunca te van a ayudar a levantar a una muchacha. Consejos sanos que a fin de cuentas no adoptó. Intentó un par de veces hacer ejercicio, elevaciones de piernas, abdomi- nales, dar vueltas a la manzana de madrugada, ese tipo de co- sas, pero se percataba de que todos los demás varones tenían novias y se desesperaba, y volvía otra vez a sumirse en sus Pent-house, en el diseño de calabozos para sus juegos de rol, y en la autocompasión. Parece que soy alérgico a la actividad. Y Lola dijo: Ja, me parece más bien que eres alérgico a todo tipo de esfuerzo. No hubiera sido una existencia tan terrible de haber sido Paterson y sus alrededores como Don Bosco o como esas no- velas feministas de ciencia ficción de los años setenta que había leído a veces: zonas vedadas a los hombres. Paterson, sin em- bargo, significaba jevas de la misma manera que NYC signi- ficaba jevas, y de la mismita manera que Santo Domingo sig- nificaba jevas. Paterson tenía muchachas loquísimas y si esas no te parecía que estaban lo suficientemente buenas, entonces, cabrón, solo era cuestión de seguir pal sur, a Newark, Elizabeth,