LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 27

la escuela porque tenía el mal hábito de gritar ¡ N A T A S ! en medio de la clase. Incluso las tetas, cuando al fin emergieron, salieron flojas y pavorosas. Una vez en la guagua, Olga le había dicho a Óscar que no era más que un cometortas, y él por poco le contesta: Mira quién está hablando, puerca, pero le dio miedo que ella se levantara y le entrara a golpes; su reputación de papichulo, ya por el piso, no hubiera aguantado semejante pali- za, lo habría puesto al mismo nivel que los muchachos lisiados y junto a Joe Locorotundo, famoso por masturbarse en público. ¿Y la encantadora Maritza Chacón? ¿Cómo le fue a la hi- potenusa de nuestro triángulo? Pues antes de que se pudiera decir Ay Isis Poderosa, Maritza se transformó en una de las guapas más cool de Paterson, una de las reinas de Nuevo Perú. Como continuaron siendo vecinos, Óscar siempre la veía, una Mary Jane del gueto, el pelo tan negro y lustroso como un cumulonimbo próximo a explotar, probablemente la única muchacha peruana en el mundo con el pelo más rizado que el de su hermana (él todavía no había oído hablar de afro- peruanos, o de una ciudad llamada Chincha), con un cuerpazo que les hacía olvidar las enfermedades a los viejos, y desde el sexto grado, siempre con novios que tenían el doble o triple de su edad (Maritza no tenía mucho talento -ni en los deportes, ni en la escuela, ni en el trabajo— pero para los hombres le sobraba). ¿Quería eso decir que había evitado la maldición, que era más feliz que Óscar u Olga? Lo dudo. Por lo que Óscar podía ver, Maritza era una de esas muchachas a las que les gusta que los novios les peguen, ya que lo hacían todo el tiempo. Si un muchacho me golpeara a mi, decía Lola con engreimiento, le mordería la cara. Miren a Maritza: morreándose en el portal de la casa, su- biendo y bajando del carro de algún matón, empujada hacia la acera. Óscar contemplaría los lengüetazos, el sube y baja y los empellones durante toda su triste y asexuada adolescencia. ¿Qué más podía hacer? La ventana de su cuarto daba al frente de la casa de ella, así que siempre la miraba furtivamente mien- tras pintaba sus miniaturas de Dragones y mazmorras o leía el