LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 28

último libro de Stephen King. Lo único que cambió durante esos años fueron los modelos de los carros, el tamaño del culo de Maritza y el tipo de música que dejaban oír los speakers de los carros: primero freestyle, luego hiphop de la época de Ill- Will y ya al final, solo por un tiempito, Héctor Lavoe y los muchachos. Él la saludaba casi todos los días, con mucho optimismo y simulando felicidad, y ella le respondía el saludo pero con in- diferencia, y eso era todo. No imaginaba que ella pudiese re- cordar sus besos —pero, por supuesto, él no los podía olvidar. EL INFIERNO M AR ONIC O Óscar asistió al colegio Don Bosco Tech, y como Don Bos-co Tech era una escuela católica urbana para varones, estaba repleta de cientos de adolescentes hiperactivos e inseguros y, para un nerd gordo como Óscar —para colmo fanático de la ciencia ficción—, era una fuente de angustia sin fin. Para Óscar, la secundaria era el equivalente de un espectáculo me- dieval, como si lo hubieran puesto en el cepo y forzado a so- portar que una multitud de semianormales le tirara todo tipo de cosas y le gritara ultrajes, una experiencia de la cual debió haber salido mejor persona, pero que no resultó así... y si existía alguna lección que aprender de la tortura de esos años, él no tenía la menor idea de cuál podía haber sido. Todos los días iba a pie a la escuela, como el nerdo gordote y solitario que era, y solo pensaba en el día de su manumisión, cuando por fin se vería libre del horror interminable. Oye, Óscar, ¿hay maricones en Marte? Hey, Kazoo, coge esto. La primera vez que oyó el término el infierno morónico se dio cuenta que sabía exactamente dónde estaba localizado y quiénes eran sus habi- tantes. En el segundo año de la secundaria, Óscar pesaba unas increíbles 245 libras (260 cuando estaba depre, que era casi siempre), y se les hizo evidente a todos, en especial a su fami-