LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Página 268

Pero sabía, con claridad lapidaria, que no iba a parar. Amaba a Ybón. (Y el amor, para este muchacho, era el geas, algo que no era posible sacudirse de encima o negar.) La noche antes, había estado tan borracha que había tenido que ayudarla a meterse en la cama mientras no dejaba de repetir: Dios, tenemos que tener cuidao, Óscar, pero tan pronto dio con el colchón, comenzó a retorcerse para quitarse la ropa, sin importarle que él estuviera allí; él trató de no mirar hasta que estuvo debajo de las sábanas, pero lo que vio le quemó el borde de los ojos. Cuando se volvió para marcharse, ella se sentó, su pecho completa y maravillosamente desnudo. No te vayas todavía. Espera que me duerma. Óscar se tendió junto a ella, encima de las sábanas, y no se fue a su casa hasta que comenzó a salir el sol. Había visto sus hermosos pechos y ahora sabía que era demasiado tarde para recoger sus cosas y largarse, como le decían esas vocecitas, era demasiado, demasiado tarde. ÚLTIMA OPORTUNIDAD Dos días después Óscar se encontró a su tío examinando la puerta de la calle. ¿Qué pasó? El tío le mostró la puerta y señaló la pared de bloques de concreto del otro lado del vestíbulo. Me parece que alguien le disparó a la casa anoche. Estaba enfurecido. Fokin dominicanos. Es probable que ametrallaran el barrio entero. Tenemos suerte de estar vivos. Su mamá metió el dedo por el agujero que había dejado la bala. No creo que esto sea tener suerte. Yo tampoco, dijo La Inca, mirando directamente a Óscar. Por un instante Óscar sintió un tirón extraño en la nuca, algo que otro podría haber llamado Instinto, pero en vez de bajar la cabeza y ponerse a pensar, dijo: Puede que no lo ha- yamos oído por culpa de los aires acondicionados, y entonces se dirigió a casa de Ybón. Se suponía que aquel día iban a ir al Duarte.