LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 266

YBÓN, SEGÚN APUNTES DE ÓSCAR Nunca quise volver a Santo Domingo. Pero después de salir de la cárcel, tuve problemas con el pago de mis deudas y mi mamá estaba enferma, y así es que volví. Fue duro al principio. Una vez que has estado fuera, Santo Domingo es el lugar más pequeño del mundo. Pero si he aprendido algo en mis recorridos es que uno puede acostum- brarse a cualquier cosa. Incluso a Santo Domingo. LO QUE NUNCA CAMBIA Oh, claro que intimaron, pero debemos volver a hacer las pre- guntas difíciles: ¿Alguna vez se besaron en el Pathfinder? ¿Al- guna vez le metió la mano por debajo de la falda supercor-ta? ¿Alguna vez se restregó contra él y dijo su nombre en un gutural susurro? ¿Le acarició ese enredo de Fin del mundo que era su pelo mientras ella lo mamaba? ¿Alguna vez raparon? Claro que no. Hasta los milagros tienen sus límites. La mi- raba en busca de indicios, de indicios que le dijeran que ella lo amaba. Comenzó a sospechar que tal vez no sucediera este verano, pero ya tenía planes de regresar para Thanksgiving y después para Navidad. Cuando se lo dijo, ella lo miró de ma- nera extraña y con algo de tristeza dijo su nombre, Óscar. Le caía bien, eso se veía, le gustaba cuando le contaba sus locuras, cuando miraba fijamente algo nuevo como si hubiese sido de otro planeta (como la vez que lo sorprendió en el baño mirando su esteatita. ¿Qué coñazo es este material tan peculiar?, preguntó). Le parecía a Óscar que él era uno de sus pocos amigos verdaderos. Fuera de los novios, nacionales y extranjeros, fuera de su hermana psiquiatra en San Cristóbal y su mamá enferma en Sabana Iglesia, su vida parecía tan vacía como su casa. Travel light, eso era todo lo que decía sobre la casa cuando él proponía comprarle una lámpara o cualquier otra cosa, y él