LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 255
La única haitiana aquí eres tú, mi amor), después que una vieja
esquelética le agarrara ambas manos y le pidiera un centavo,
después que su hermana le hubiera dicho: Si te parece malo,
debieras ir a los bateyes, y después de haber pasado un día en
Baní (el campo donde se había criado La Inca) y haber cagado
en una letrina y haberse limpiado el culo con una tusa de maíz
— eso sí que es divertido, escribió en su diario—, después de
haberse acostumbrado más o menos al corre corre surrealista de
la vida en La Capital —las guaguas, la poli, la pobreza in-
concebible, los Dunkin' Donuts, los mendigos, los haitianos
vendiendo maní tostado en las intersecciones, la pobreza in-
concebible, los turistas comemierda monopolizando las playas,
las novelas de Xica da Silva que les gustaban tanto a Lola y a
sus primas en las que la jevita se quita la ropa cada cinco
segundos, los paseos de la tarde por el Conde, la pobreza in-
concebible, el gruñido de las calles y las chozas de zinc de los
barrios populares, las oleadas de gente que vadeaba a diario
porque si no se movía lo ahogaban, los guachimanes flacos
delante de las tiendas con sus escopetas que no funcionaban, la
música, las bromas lascivas que se oían en las calles, la pobreza
inconcebible, ser aplastado en el rincón de un concho por el
peso combinado de otros cuatro clientes, la música, los nuevos
túneles que se excavaban en la tierra de bauxita, los carteles
que prohibían las carretas de burros en esos mismos túneles—,
después de haber ido a Boca Chica y a Villa Mella y comido
tanto chicharrón que tuvo que vomitar a la orilla del camino -
Vaya, dijo su tío Rudolfo, eso si que es divertido-, después que
su tío Carlos Moya le reprochara el no haber venido en tanto
tiempo, después que su abuela le reprochara el no