LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 247
migo. No hay nada permanente en el mundo, su hermana
contestó. Se apretó el ojo con el puño y escribió: Yo sí.
¿La vida doméstica? No lo mataba, pero tampoco lo nutría.
Su mamá, más flaca, más reservada, menos aquejada por la
locura de su juventud, aún la golem trabajadora, todavía
permitía que sus huéspedes peruanos metieran a cuanto pa-
riente quisieran en el primer piso. Y el tío Rudolfo, Fofo para
sus amigos, había recaído en algunos de los hábitos duros de su
vida anterior al presidio. Estaba a caballo otra vez, tenía su-
dores repentinos a la hora de comer, se había trasladado al
cuarto de Lola y ahora a Óscar le tocaba oír el méteselo con las
novias strippers casi cada santa noche. Tío, le gritó una vez, un
poquito menos bajo en la cabecera, si no es molestia. En las
paredes de su cuarto, tío Rudolfo colgó fotos de sus primeros
tiempos en el Bronx, cuando tenía dieciséis años y vestía toda
esa vaina de chulo al estilo fly de Willie Colón, antes de haber
ido a Vietnam, el único dominicano, juraba, en todas las jodias
fuerzas armadas. Y había fotos de la mamá y el papá de Óscar.
Jóvenes. Sacadas en los dos años que duró su relación.
Lo amaste, le dijo a ella.
Ella rió. No hables de lo que no sabes.
A la vista, Óscar simplemente parecía cansado, ni más alto
ni más gordo, solo la piel bajo sus ojos, inflamada por años de
callada desesperación, había cambiado. Por dentro, habitaba en
un mundo de dolor. Veía flashes negros ante los ojos. Se veía a
sí mismo caer por el aire. Sabía en lo que se estaba con-
virtiendo. Se estaba transformando en la peor clase de ser hu-
mano del planeta: un nerdote amargado y viejo. Se veía en el
Game Room, escogiendo miniaturas el resto de su vida. No
quería ese futuro, pero no veía cómo evitarlo, no sabía cómo
salir de él.
Fukú.
Las Tinieblas. Algunas mañanas despertaba y no podía
salir de la cama. Como si tuviera un peso de diez toneladas en
el pecho. Como si estuviera bajo fuerzas de aceleración.
Hubiera sido divertido si el corazón no le hubiera dolido tanto.