LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | страница 24

Olga, ocultos tras unos arbustos para que no los vieran de la calle. (Mira a ese machito, decían las amigas de su mamá. ¡Qué hombre!) El trío duró solo una maravillosa semana. Un día, a la salida de la escuela, Maritza arrinconó a Óscar detrás de los co- lumpios y lo amenazó: ¡O ella o yol Óscar le tomó la mano a Maritza y le habló con solemnidad y gran lujo de detalles sobre su amor por ella y le recordó que habían decidido compartir, pero a Maritza le importó un carajo. Ella tenía tres hermanas mayores y ya sabía todo lo que necesitaba sobre las po- sibilidades de compartir. ¡Ni me hables hasta que te libres de ella! Maritza, con su piel achocolatada y ojos achinados, ya expresaba la energía de Ogún con la que arremetería contra todo el mundo durante el resto de su vida. Óscar marchó a casa taciturno, a sus muñequitos mal dibujados de antes de la era coreana, al Herculoids y el Space Ghost. ¿Qué te pasa?, le preguntó su mamá. Se estaba preparando para ir a su segundo trabajo y el eczema que tenía en las manos las hacía parecer harina sucia. Cuando Óscar lloriqueó: Las muchachas, Mamá de León casi estalló. ¿Tú tá llorando por una muchacha? Y puso a Óscar de pie con un jalón de oreja. ¡Mami, ya!, su hermana gritó, ¡para ya! Su mamá lo tiró al piso. Dale un galletazo, jadeó, a ver si la putica esa te respeta. Si él hubiera sido otro tipo de varón, habría tomado en cuenta lo del galletazo. No era solo que no tuviese un modelo de padre que lo pusiese al tanto de cómo ser masculino — aunque ese también era el caso- sino que carecía de toda tendencia agresiva y marcial (a diferencia de su hermana, que siempre estaba en plena lucha con los muchachos y con un fracatán de morenas que odiaban su nariz perfilada y su pelo lacio). Óscar tenía una calificación de cero en combate; incluso Olga, con sus brazos que parecían palillos, podía haber acabado con él. Nada de agresión e intimidación. Así que tuvo que pensarlo. No es que se demorara demasiado. En fin, Maritza