LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 233
cargaron un par de veces antes de que ellas también
desaparecieran, que no pasó ni una hora en la Casa Hatuey,
que era literalmente la Hija del Apocalipsis? ¿Qué hay de
ella? Encontrarle lugar no era tan fácil como en el caso de
Astrid o Jackie; en fin, era una recién nacida y según el
chismoteo sobre la familia, nadie del lado de Abelard la
quería por lo prieta que era. Para complicar las cosas, nació
bakiní: falta de peso, enfermiza. Tenía problemas al llorar, al
mamar, y nadie fuera de la familia quería que esa niña prieta
sobreviviera. Sé que es tabú decir esto, pero dudo que nadie
de la familia tampoco. Durante un par de semanas no hubo
nada seguro, y de no haber sido por una bondadosa mujer de
piel morena llamada Zoila, que le dio algo de la leche
materna de su propio bebé y la tuvo cargada durante horas
todos los días, es probable que no hubiera sobrevivido. Ya
para fines del cuarto mes, parecía haberse estabilizado.
Seguía bakiní de mala manera, pero empezaba a ganar peso y
su llanto, que antes parecía un murmullo de la ultratumba, se
hacía cada vez más penetrante. Zoila (que se había conver-
tido en una especie de ángel de la guachimán) le acariciaba la
cabecita moteada y decía: Seis meses más, mijita, y estarás
más fuerte que Lilis.
Pero Beli no podía esperar seis meses. (La estabilidad no
estaba en las estrellas de nuestra muchacha, solo el Cambio.)
Sin advertencia alguna, un grupo de parientes lejanos de So-
corro se apareció y reclamó la niña, arrebatándosela de los
brazos a Zoila (precisamente los mismos parientes que
Socorro se había quitado de encima con toda felicidad
cuando se casó con Abelard). Sospecho que en realidad esta
gente no pretendía criar a la niña durante mucho tiempo, sino
que lo hacían porque esperaban cierta recompensa monetaria
de los Cabral y, cuando no vieron plata, la Caída fue total.
Los brutos le pasaron la niña a unos parientes aún más
lejanos que vivían en las afueras de Azua. Y aquí es donde el
rastro se hace borroso. Los de Azua parecen haber sido
medio dementes, lo que mi mamá llamaría unos salvajes.