LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 232

cuentos para exprimirle la sal de sus fokin ojos-, pero les voy a ahorrar la angustia, tortura, soledad y enfermedad de aquellos catorce años perdidos, ahorrarles, de hecho, los sucesos y dejarles solo las consecuencias (y deben preguntarse, con razón, si al final les he ahorrado algo). En 1960, en el apogeo del movimiento de resistencia clandestino contra Trujillo, Abelard fue sometido a un procedimiento particularmente horripilante. Lo esposaron a una silla, lo colocaron bajo el sol ardiente y entonces le cincharon una soga mojada por la frente. La llamaban La Corona, una tortura sencilla pero terriblemente eficaz. Al principio, la soga apenas aprieta el cráneo, pero en cuanto el sol la seca, el dolor llega a ser insoportable, vuelve loco a cualquiera. Entre los presos del trujillato pocas torturas eran más temidas. Ni te mataba ni te dejaba vivo. Abelard sobrevivió, pero no volvió a ser el mismo. Se convirtió en un vegetal. La llama orgullosa de su intelecto se extinguió. Durante el resto de su corta vida, existió en un estupor imbécil, pero había presos que recordaban momentos en que parecía casi lúcido, se paraba en los campos, se miraba las manos y lloraba, como si recordara que en una época había sido más que eso. Los otros presos, por cuestión de respeto, continuaban llamándolo El Doctor. Se dice que murió unos días antes de que Trujillo fuera asesinado. Lo enterraron en una tumba sin marcar fuera de Nigua. Óscar visitó el lugar en sus últimos días. Nada que informar. Era como cualquier otro campo descuidado de Santo Domingo. Encendió velas, dejó flores, rezó y regresó a su hotel. Se suponía que el gobierno iba a eregir una placa en memoria a los muertos de la cárcel de Nigua pero jamás lo hizo. LA TERCERA Y ÚLTIMA HIJA ¿Y qué hay de la Tercera y Última Hija, Hypatía Belicia Ca- bral, que tenía solo dos meses cuando su madre murió, que nunca conoció a su padre, a la que sus hermanas solo