LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 224
mano de un vecino, que también resultó ser sargento de la
policía. La niñez de Socorro había transcurrido entre falta de
comida y ropa de primos, viendo al padre tres o cuatro veces
al año, visitas en que no hablaba con nadie, solo se tiraba en
su cuarto, bebido. Socorro se convirtió en una muchacha
«nerviosa»; en una época se arrancaba los cabellos para
hacerlos menos coposos. Tenía diecisiete años cuando llamó
por primera vez la atención de Abelard en un hospital
docente, pero no comenzó a mens-truar hasta un año después
que estuvieran casados. Incluso
de adulta, Socorro
acostumbraba a despertar en medio de la noche, aterrada,
convencida que la casa se quemaba, e iba corriendo de
habitación en habitación, temiendo enfrentarse a un carnaval
de llamas. Cuando Abelard le leía del periódico los
terremotos e incendios e inundaciones y estampidas de ga-
nado y hundimientos de naves le producían un interés espe-
cial. Fue la primera catastrofista de la familia; Cuvier hubiera
estado orgulloso.
¿Qué esperaba, mientras jugueteaba nerviosamente con
los botones del vestido, mientras intentaba acomodarse la
cartera en el hombro y trataba de mantener en su lugar el
sombrero de Macy's? Una calamidad, un toyo sin dudas, pero
no un esposo que se viera prácticamente destruido, arras-
trándose como un viejo, con ojos que brillaban con la clase
de miedo que no se pierde con facilidad. Era peor de lo que
ella, con todo su fervor apocalíptico, había imaginado. Era la
Caída.
Cuando tocó a Abelard con sus manos, él se echó a llorar
con mucha fuerza, de manera muy vergonzosa. Las lágrimas
le corrían por el rostro cuando trataba de explicarle todo lo
que le había sucedido.
Poco después de esa visita, Socorro se dio cuenta que
estaba embarazada. Con la Tercera y Ultima Hija de Abelard.
¿Zafa o Fukú?
Sabrá Dios.