LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 223
que sufría de un impulso taxonómico insaciable, les
preguntó: Por Dios, ¿qué es eso?
Le decimos el pulpo, dijo uno de los guachimanes.
Estuvieron toda la noche demostrándole cómo
funcionaba.
Pasaron tres días antes que Socorro localizara a su marido y
otros cinco antes que recibiera permiso de la capital para visi-
tarlo. El cuarto de visita en que Socorro esperó a su esposo
daba la impresión de haber sido hecho de una letrina. Había
solo una lámpara de kerosene que chisporroteaba y parecía
que un sinnúmero de gente había cagado una montaña en un
rincón, humillación intencional que Socorro ni notó: estaba
demasiado alterada para darse cuenta. Después de lo que pa-
reció una hora de espera (de nuevo, otra señora hubiera pro-
testado, pero Socorro soportó con estoicismo el olor a mierda
y la oscuridad y la falta de una silla), trajeron a Abelard espo-
sado. Le habían dado una camisa y un par de pantalones que
le quedaban chiquitos, arrastraba los pies