LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 222

pudo haber llamado la «clase delictiva». Entonces los guachi-manes le informaron a los otros presos que Abelard era un homosexual y un comunista —¡Eso es mentira], protestó Abelard-, pero ¿quién le iba a hacer caso a un comunista maricón? En las dos horas siguientes, lo acosaron de linda manera y le robaron casi toda la ropa. Un cibaeño corpulento le exigió hasta los calzoncillos y cuando Abelard se los dio, el hombre se los puso por encima de los pantalones. Son muy cómodos, anunció a sus amigos. Obligaron a Abelard a agacharse, desnudo, cerca de los botes de mierda; si intentaba arrastrarse a las zonas secas, los otros presos le gritaban: Quédate ahí con la mierda, maricón. Y así fue que tuvo que dormir, en medio de la orina, las heces y las moscas. Más de una vez lo despertó alguien haciéndole cosquillas en los labios con un mojón seco. El saneamiento ambiental no era una preocupación primordial entre los fortalezanos. Los muy depravados tampoco lo dejaban comer, durante tres días seguidos le robaron las magras porciones que le asignaban. Al cuarto día un carterista manco se compadeció y lo dejó comerse un plátano entero sin in- terrupción: del hambre que tenía, Abelard intentó masticar hasta la cascara. Pobre Abelard. También fue ese cuarto día cuando alguien del mundo exterior le prestó atención al fin. Tarde en la noche, cuando todos estaban dormidos, un destacamento de gua-chimanes lo arrastró a una celda más pequeña, apenas iluminada. Lo amarraron, no con crueldad, a una mesa. A partir del momento que lo habían sacado de su celda, no había dejado de hablar. Esto es todo un malentendido por favor yo soy de una familia muy respetable tienen que comunicarse con mi esposa y mis abogados que podrán aclarar todo esto no puedo creer que me hayan tratado de modo tan infame exijo que el oficial responsable escuche mis quejas. Las palabras no le salían de la boca con rapidez suficiente. No se calló hasta que se dio cuenta del aparato eléctrico con que los guachimanes estaban jugueteando en un rincón. Abelard lo miró con un pavor terrible y después, dado